Ante el posible desabastecimiento y el actual encarecimiento del petróleo y del gas, derivados de la guerra en Irán, resulta más evidente que nunca la importancia de impulsar la mejora de la eficiencia energética en nuestras viviendas para reducir la dependencia de estos combustibles.
Parece claro que es imprescindible abandonar la dependencia de países suministradores de energía fósil. La buena noticia es que la tecnología actual ofrece ya múltiples alternativas que permiten avanzar hacia modelos energéticos más eficientes, sostenibles y accesibles para los hogares.
Desde hace varios años, la Asociación Nacional de Empresas de Rehabilitación y Reforma (ANERR), junto con otras asociaciones y colectivos del sector, venimos reclamando políticas de incentivos fiscales sustanciosos que permitan a los ciudadanos acceder gradualmente a instalaciones mucho más eficientes en sus viviendas, tanto a nivel de edificio como a nivel individual.
El potencial de mejora es enorme. En los últimos cuatro años se han vendido más de 2.000.000 de viviendas de segunda mano, la mayoría susceptibles de ser renovadas en mayor o menor grado. A ello se suma un parque residencial envejecido, con una media superior a 45 años de antigüedad, lo que evidencia tanto la dimensión del reto como la oportunidad de modernizar nuestras viviendas.
En 2021 se aprobó un paquete extraordinario de medidas financiado con fondos europeos que incluía desgravaciones fiscales para reformas que alcanzaran determinados niveles de eficiencia energética. Estas medidas, vigentes hasta 2024, fueron un éxito, con cerca de 200.000 beneficiarios. Sin embargo, debido a la compleja situación política, no se ha logrado mantener su continuidad y recientemente han decaído junto con otras medidas incluidas en el denominado escudo social.
Desde ANERR creemos que merece la pena realizar un esfuerzo colectivo para recuperar estas desgravaciones fiscales y avanzar hacia objetivos más ambiciosos, tanto en los porcentajes de deducción como en los plazos y en los conceptos que puedan acogerse a estas subvenciones, con el fin de impulsar la mejora energética de millones de viviendas que hoy necesitan intervención.
Seguiremos trabajando en esa dirección. Cuantas más entidades y administraciones se sumen, antes alcanzaremos los objetivos marcados por la Directiva Europea de Eficiencia Energética de los Edificios (EPBD).
Porque este proceso no consiste únicamente en cumplir metas sobre el papel. Se trata de reducir de forma real los costes energéticos de las viviendas, especialmente de aquellas familias que sufren situaciones de pobreza energética, aprovechando recursos naturales abundantes en nuestro país, como el aire y el sol y, avanzando hacia viviendas con consumos energéticos prácticamente nulos.
Para lograrlo será necesario avanzar en una misma dirección y promover cambios en las políticas de subvenciones e incentivos.
Por ello, resulta urgente reactivar y ampliar las deducciones fiscales destinadas a la rehabilitación energética de viviendas en España.
