La buena vivienda tiene que ser sostenible para ganarse el adjetivo de “buena”

ANERR Mapei

A la hora de comprar, rehabilitar o hacer ambas cosas se ha de tener en cuenta múltiples cuestiones y una de ellas es preguntarnos ¿hasta qué punto es sostenible nuestra futura vivienda?. Tanto los compradores como los promotores han de tener en cuenta en todos los proyectos aspectos como la correcta elección de los materiales, el grado de ecoeficiencia de la vivienda, las certificaciones que se pueden obtener y de paso todo aquello que aporte confort, calidad, cumpla normativa y sirva para “descarbonizar” el proceso constructivo. Todo el sector industrial y el de la construcción no es una excepción, tendrá que cumplir los ambiciosos objetivos planteados por la comunidad económica para parar y revertir el cambio climático.

Sin ir más lejos se han de rehabilitar 19 millones de viviendas en España antes de 2050, lo cual indica el grado de seriedad del tema y también cómo afectará de manera directa la manera en que se han de construir las nuevas viviendas.

Quien se enfrenta por primera vez a la compra de una vivienda tiene que resolver las preguntas clásicas en relación a la ubicación, características, precio, financiación y mantenimiento, pero ahora también tiene que preguntarse cuestiones claves como el grado de ecoeficiencia, el coste futuro de las facturas de luz y gas, sí la vivienda está correctamente aislada, si los materiales utilizados cumplen normativa y no generarán un problema a medio plazo, y un largo etc., que los proyectistas y promotores tienen que haber resuelto previamente e informar de manera transparente al comprador.

Disponer de una casa sostenible en 2021 es mucho más que tener griferías que reducen el consumo de agua, hace unos meses Dolores Huerta Arquitecta, Directora General de GBCe (Green Building Council España, el Consejo para la Edificación Sostenible en España, la principal organización de edificación sostenible en nuestro país) y miembro del jurado del Premio Mapei a la arquitectura sostenible afirmaba que – “La buena arquitectura tiene que ser sostenible para ganarse el adjetivo de “buena”.- . Lo cierto es que no hay marcha atrás, desde la fase de proyecto hasta la entrega de la obra se tiene que tener en cuenta los cambios introducidos en el Código técnico de la edificación, las nuevas dinámicas residenciales derivadas de la pandemia, las certificaciones que afectan a la vivienda y a los electrodomésticos, la gestión de los residuos provocados por la obra siguiendo estrategias de economía circular; y en definitiva construir viviendas de calidad y sostenibles para todo tipo de usuarios, desde las más lujosas a las promociones más modestas de vivienda social.

Entidades como Asociación Nacional de Distribuidores de Cerámica y Materiales de Construcción (Andimac) ya apuntan fórmulas para aportar valor al proceso constructivo mediante la conversión de los profesionales de tiendas de materiales de construcción en agentes de la rehabilitación, una nueva figura que recogerá el Real Decreto por el que se regulan los programas de ayuda en materia de rehabilitación residencial y vivienda social del Plan de Recuperación, que por lógica tendría que extenderse a todo el proceso edificatorio.

La clave de la sostenibilidad en el sector inmobiliario residencial pasa por utilizar sin más dilación todas las herramientas que están a nuestra disposición, tecnología, normativa, conocimiento, materiales, soluciones constructivas, y lo más importante asumir como propia  la máxima reconvertida de Dolores Huerta sobre la arquitectura en el sector de la edificación, – La buena vivienda tiene que ser sostenible para ganarse el adjetivo de “buena”- Promover viviendas con criterios sostenibles es ya una obligación y un claro signo de profesionalidad y madurez de los agentes del sector.

Fotos de la promoción Espai Natura, en Sant Cugat de BAILORULL Arquitectura, finalista del Premio Mapei 2020.