Francisco Diéguez, Director General del ITeC: “La rehabilitación es un mercado que tiene un margen sustancial de crecimiento”

ANERR ITeCDirector General del ITeC desde 2014, Fracisco Diéguez es Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos por la UPC (1988). PADE (Programa de Alta Dirección de Empresas) (IESE-2012). Con más de 25 años en el sector de las infraestructuras y la edificación ha desarrollado una parte importante de su carrera profesional en la empresa FCC Construcción.

¿Cuál es la función principal del ITeC? ¿Y en qué áreas desarrolla su trabajo?

El ITeC es una Fundación privada sin ánimo de lucro cuyo objetivo fundamental es fomentar la innovación en el sector de la construcción como motor de cambio. Este 2018 celebramos 40 años de existencia, en los que hemos estado prestando servicios tecnológicos a profesionales y a empresas, sin olvidar a las administraciones públicas, desde el ámbito local hasta el europeo. Creemos que les hemos ayudado a que sus proyectos sean técnicamente más sólidos, económicamente más productivos, y también más respetuosos con el medio ambiente. Ponemos mucho énfasis en aportar una visión global a la construcción, extendiéndose al ciclo de vida completo que abarca desde el proceso de ideación, la redacción del proyecto, la construcción propiamente dicha y la explotación, aspecto éste último muy importante ya que es el de mayor duración, el de mayor coste económico y en el que la sociedad recibe los beneficios e impactos del elemento construido. Los datos del último Informe Euroconstruct de invierno son en general optimistas.

Al hilo del mismo, ¿cómo observan desde ITeC la situación del sector de la construcción en Europa?

A escala europea, en el 2017 que dejamos atrás ya no tiene sentido hablar de crisis. Al contrario, la recuperación es indiscutible y tampoco se espera ninguna recaída. El segmento de mercado que más ha contribuido a esta mejora ha sido la edificación residencial de nueva planta, lo cual tiene algo de paradoja porque la vivienda fue en su momento la mayor responsable de la crisis del sector construcción, y contra todo pronóstico, ahora vuelve a ser su tabla de salvación. Puesto que el resto de segmentos (edificación no residencial, ingeniería civil y rehabilitación) están mejorando muy poco a poco, no es ninguna exageración concluir que sin el impulso de la nueva vivienda, el sector europeo de la construcción aún estaría en horas bajas.

¿Qué segmentos del mercado, edificación residencial, no residencial, ingeniería civil o rehabilitación, son los que más destacan en el caso de España?

La situación es muy parecida a la de Europa, con el segmento de la vivienda de nueva planta tirando claramente del sector. Pese a las similitudes, hay algunas particularidades en el caso de España que merecen destacarse. Primero, que en España todavía hay muchos problemas en el segmento de la ingeniería civil, que se encuentra en una situación mucho más delicada que en el resto de los países europeos. Nos preocupa qué pasará cuando al acabar el primer trimestre de 2019 empiece a flaquear toda la obra civil local que tiene que estar acabada para las elecciones municipales y autonómicas que se celebrarán en la primavera de 2019. Por otra parte, mientras que en el resto de Europa el buen momento de la vivienda de nueva planta se corresponde con unas cifras de producción próximas a los máximos, en España las cifras absolutas son todavía extraordinariamente modestas. Si el mercado español nota mejoría es solamente una cuestión de que un par de años atrás apenas se ponían en marcha nuevos proyectos.

¿Le parece que el buen momento de la obra nueva puede provocar una nueva burbuja en algunos países europeos?

No se puede negar que hay una preocupación al respecto. Sin embargo, los expertos del resto de países con los cuales trabajamos en la red Euroconstruct esperan el desenlace más lógico: los ritmos de producción se relajarán y progresivamente el mercado se irá enfriando. Afortunadamente, algunos de los países con más riesgo de sobrecalentamiento son mercados relativamente pequeños, como el sueco, el austriaco y algunos países del Este

Esta misma burbuja que con tanta virulencia se manifestó en el pasado en España, ¿puede llegar a darse de nuevo en nuestro país?

Como ya hemos comentado, los actuales niveles de producción residencial son realmente modestos, entre otras cosas porque todos los proyectos que se han aprobado los últimos años en España han sido examinados con lupa por los bancos como condición previa a otorgarles crédito. En otras palabras, las empresas promotoras están levantando vivienda que está mayoritariamente vendida antes de poner la primera piedra. Por tanto, y desde el punto de vista de la producción, la situación es justo la opuesta a una de burbuja.

Los aspectos normativos serán muy relevantes a futuro, con una economía hipo carbónica que se vislumbra en el horizonte del año 2050. ¿Cómo cambiará la reducción del gasto energético de los edificios en la configuración del sector de la construcción?

Cuando nos imaginamos este escenario 2050 tendemos a pensar en unos edificios muy sofisticados, en los que haya que exprimir al máximo la tecnología para satisfacer esos niveles de exigencia energética. Pero no solemos prestar atención a que en el 2050, los edificios del boom del 2005 ya tendrán 45 años y serán candidatos a ser rehabilitados. Por tanto, no nos tendría que preocupar sólo lo qué se va a exigir a los edificios de nueva planta, sino lo qué habrá que hacerles a los antiguos. Si no empezamos a pensar ya en ello, podríamos llegar al 2050 y que una parte significativa de las rehabilitaciones continuasen siendo meras operaciones superficiales que buscan la mejora estética y de funcionalidad más que la auténtica eficiencia energética tal como ocurre ahora.

Aparte de la evidente pérdida de oportunidad económica y ambiental, estaríamos abriendo una nueva brecha social entre aquellos que se pudiesen permitir vivir y trabajar en edificios nuevos, de altas prestaciones y bajo consumo, y el resto que deberían soportar los costes crecientes de la energía para mantener sus actuales niveles de confort. En este sentido deberíamos apostar por la construcción de edificios de consumo nulo e incluso pensar los edificios como generadores de energía neta.

Hoy en día en Europa la rehabilitación tiene una cuota de mercado del 40%, lo que le convierte en el segmento más importante. Imaginamos que su peso no se reducirá, sino que irá ampliándose paulatinamente, ¿no?

A escala europea, el peso específico de la rehabilitación tiende a crecer poco a poco. Pero es interesante notar que es el resultado de combinar la situación de los mercados ricos y maduros, en donde la rehabilitación ya ha alcanzado su velocidad de crucero y tiene poco margen de mejora, con la situación de los países menos desarrollados, en donde la rehabilitación aún es un nicho de pequeño tamaño.

Y en el caso de España, ¿cómo prevé que evolucionará el mercado de la rehabilitación?

Hay que ser sinceros y admitir que, en el caso específico de la rehabilitación, España pertenece al grupo de países que todavía no alcanzan las medias europeas. En otras palabras, el margen para crecer es sustancial. Sin embargo, al tratarse de un mercado muy propulsado por la demanda de los hogares, es poco propenso a los “rallies” de crecimiento que suelen producirse en los mercados de nueva planta gracias a que están movidos por la inversión. Por tanto, el crecimiento que se espera para la rehabilitación es modesto, pero sostenido. Existen varios factores diferenciales respecto de los países más avanzados de Europa que podrían justificar este retraso: En primer lugar, el clima más benigno de España hace que la inversión en rehabilitación no tenga el retorno económico que puede tener en los países más fríos de Europa; en segundo lugar, la estructura de la propiedad, muy atomizada en España a través de la Propiedad Horizontal, a diferencia del resto de países de Europa en donde la propiedad es vertical y las familias viven en régimen de alquiler; por último y seguramente más importante, la falta de concienciación ciudadana acerca de la necesidad de cumplir nuestras obligaciones como propietarios de viviendas. La creencia de que cuando se compra una vivienda es para toda la vida y que no se han de soportar costes de mantenimiento y rehabilitación está muy extendida entre la población y es nefasta para el mercado de la rehabilitación.

¿Podemos lanzar un mensaje de optimismo a las empresas que operan en el ámbito de la rehabilitación y la reforma?

Desde luego, no hay ningún motivo para no ser optimistas, pero advirtiendo de que tampoco hay motivos para la euforia. La demanda potencial está ahí, con un parque de vivienda cada vez más envejecido y necesitado de rehabilitación. A eso tenemos que añadir una sociedad que tiende a ser cada vez más exigente con el confort en sus hogares y lugares de trabajo. Por otra parte, nos preocupa que no esté claro que esta sociedad vaya a disponer de más recursos para satisfacer mediante la rehabilitación esta búsqueda del confort. Y también nos preocupa el tibio papel que hasta ahora ha tenido la administración para estimular la demanda. Hasta ahora la excusa ha sido la crisis, pero este argumento se está agotando.